Friday, April 14, 2006

EL JOVEN ACOSADOR SEXUAL

La ultima semana de enero Berthena Dorinvil, inmigrante haitiana residente en Brockton Massachusetts, recibió una llamada de la directora del colegio “Doney Elementary School” en el cual estudiaba su hijo de seis años. La llamada era para pedirle que fuera a recoger a su hijo, pues se había presentado un inconveniente. Al llegar al colegio le fue entregada una carta en la que se le comentaba el inconveniente que había tenido su hijo y por el cual éste había sido suspendido de clases por tres días.
Según la directora del colegio, el hijo de Dorinvil había puesto dos dedos bajo la cintura de una de sus compañeras de clase, lo cual fue calificado por la escuela como “sexual harrasment”, es decir, acoso sexual.
De acuerdo a las normas que rigen esta clase de comportamientos en las escuelas, se supone que se debe adelantar una investigación para determinar lo que realmente ocurrió, pero la investigación adelantada no alcanzo a tomar un par de horas, pues la simple palabra de la niña fue suficiente para culpar al niño de acosador sexual. Ni siquiera fue tenida en cuenta la palabra del niño, según la cual éste si la había tocado pero solo en su camiseta y esto luego que ella lo había tocado.
Acusar a un niño de seis años de acoso sexual, no es otra cosa que interpretar los simples actos de un niño con los punitivos ojos de un adulto. Es no tener ni idea del significado de la palabra inocencia. Es estar buscando el pecado y la falta en cada una de las personas alrededor, independientemente de su edad. Es no pensar en las intenciones que pudieron llevar a que el hecho ocurriera, es darle al hecho sus intenciones.
Si bien es cierto que la directora del colegio está en la obligación de asegurar el bienestar de cada uno de los niños de la institución, no menos cierto es que el daño que se le ha hecho al niño es irreparable, pues ahora él pregunta cual es el gran problema con que el le haya tocado la camisa a la niña, a lo cual su madre no sabe como responder.
Incluso, si el hecho fuese determinado como cierto, luego de una rigurosa investigación, el niño debe ser educado acerca de lo inapropiado de tocar a los otros niños, pero no ponerle ese sello punitivo e irredimible de acosador sexual, ya que un niño a los seis años no tiene conciencia alguna de lo que ello significa, pues se hace necesario estar buscando gratificación sexual, o algún tipo de satisfacción, las cuales por demás está decir, no existían.
Otros asuntos a tener en cuenta en el caso del hijo de Dorinvil son los resaltados por Toni Saunders miembro de “Associated Advocacy Center”, según el cual, si el hecho realmente ocurrió, donde estaban los adultos a cargo de los niños, al tiempo que, como es que esta niña de seis años que denuncia el hecho sabe de estas cosas.
El enfermo no es el niño, incluso si hubiese tocado a la niña en la parte que esta dice. Los enfermos son los que califican la acción. Aquellos que frustran desde tan temprana edad las posibilidades del niño de relacionarse con el genero opuesto, pues no otra cosa sino miedo va a sentir él al aproximarse a una niña, luego de ese incidente.


Vancouver, febrero 23 de 2006

Hollman Lozano

hollman.lozano@yahoo.ca

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